Viva la experiencia de subir a La India Dormida, una montaña de leyenda

 

Valle de Antón 45. India Dormida

Esta majestuosa montaña, es la India Dormida y vamos a contarles nuestras aventuras

Por Violeta Villar Liste

Hay una hermosa leyenda que se repite como un credo en El Valle de Antón: la de Flor del Aire, la princesa india hija de Urraca, cacique de los más indómitos en su pelea contra los conquistadores en las tierras del Istmo de Panamá.

El padre José Noto, padre de origen italiano quien fue párroco en El Valle de Antón y capellán de los Bomberos, quiso tanto a esta tierra que documentó su memoria en el libro Historia de El Valle de Antón.

El padre Noto murió en 2015 pero todos lo recuerdan en el legado de su escritura amorosa y en el esfuerzo de mantener en pie el Museo El Valle, al lado de la iglesia San José y que luego pasó a llamarse como el noble sacerdote en tributo a su memoria y a sus luchas por el bien de la comunidad.

Pues bien, en esta Historia el padre Noto recogió la leyenda de Flor del Aire que debemos contar antes de continuar narrando otras aventuras:

 

Flor del Aire, “para su desgracia, se enamoró de los guerreros de rostro pálido que trataban de conquistar a su gente. Por ese amor imposible despreció el que le brindaba Yaraví, el más bravo de los jóvenes de su tribu. Yaraví, desesperado, se suicidó, lanzándose de una montaña ante los ojos desorbitados de Flor del Aire. Ella, por no traicionar a su raza, jamás volvió a ver al español. Caminó por montañas y por valles llorando su desventura, hasta que la sorprendió la muerte sobre las playas que bañan el Mar Caribe, mirando hacia las queridas montañas en donde había nacido. Los montes compadecidos, para perpetuar esa triste historia de amor, copiaron su figura y esa es la que ven los turistas que llegan a El Valle de Antón, la Montaña de la India Dormida”.

Entonces, cuando usted decide subir a la Montaña La India Dormida, no escala a cualquier lugar: se encuentra con un lugar mítico que recuerda el amor y el desamor y la cultura de los pueblos originarios.

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Aca nos vamos a hacer la caminata: Patricia , Chacal y VioletaNosotros nos aferramos a El Chacal y a su sabiduría porque sabemos que era una buena decisión.

Antes de iniciar camino, tiene dos opciones: armar un buen grupo de familiares y amigos, orientarse por el mapa que le entregan al inicio del recorrido o dejarse acompañar por un guía.

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El Chacal es un excelente guía  para esta travesía hacia la montaña La India Dormida

Pero conozcamos a: Rodolfo “El Chacal” Méndez es un personaje pintoresco

Usted dice El Chacal y todos lo conocen. Nació en la provincia de Bocas del Toro, pero su papá es de El Valle de Antón. Siempre le gustó El Valle por su buen clima. Trabajaba en Panamá en un aserradero hasta que decidió dedicarse a la artesanía y poner en práctica sus conocimientos en distintos oficios.

Durante un tiempo trabajó en el Zoológico El Níspero de El Valle y ofrecía pequeñas charlas a los turistas.

Luego, cuando los visitantes acudían al pueblo y hacían alguna pregunta, él, diligente, respondía y de respuesta en respuesta decidió que lo suyo era guiar a las personas tanto en la ciudad como por las verdes rutas de El Valle.

¿Por qué El Chacal? Por el personaje El Chacal del programa de Don Francisco, quien se ocupaba de tocar la trompeta a los participantes que desafinaban.

El Chacal también toca la trompeta y durante el tiempo que trabajó en el Mercado Municipal, cuando llegaba la hora de cerrar, sus compañeros le pedían unas notas bien poderosas para decirle adiós al día.

Sus anécdotas no son pocas. En una oportunidad entrenó a un canadiense y a su hija, quienes querían ir bien preparados antes de subir al monte Kilimanjaro, en el norte de Tanzania, justo el punto más alto de África. El entrenamiento consistió en caminar 5 horas todos los días, durante 10 jornadas.

La lección fue buena: ambos regresaron a El Valle para agradecerle el esfuerzo que les permitió cumplir su reto.

Pues bien, ya conocen la leyenda, ya saben quién es El Chacal (si quiere anote su número: +507 66075174).

Pasemos ahora a unos consejos prácticos antes de subir a La India Dormida.

Si llueve, mejor lo deja para otro día, puede ser peligroso. Lo mejor es con el terreno seco para evitar accidentes.

Lleve ropa cómoda, zapatos deportivos o botas, impermeable por si lo sorprende la lluvia, gorra y protector solar. Mucha agua porque el ascenso es duro. También chocolates, barras energéticas y alguna merienda ligera.

Si en el trayecto lo sorprende una tormenta eléctrica, apague celulares porque los rayos son peligrosos.

Vaya a su ritmo. Importantísimo: no corra y fíjese bien dónde pisa para evitar resbalar.

La entrada al acceso que le permite iniciar el ascenso queda en la vía Chorro El Macho. Falta alguna señalización en el pueblo así que pregunte a los moradores quienes lo sabrán orientar.

Ya en el sitio, administrado por la Alcaldía de Antón (hasta hace cuatro años era responsabilidad de la Autoridad de Turismo de Panamá), puede estacionar su vehículo y dejarlo a cargo de personal responsable.

Pasa por un pasillo techado, con vendedores de artesanía, agua y frutas a los lados y de inmediato está la taquilla para comprar las entradas. Los precios son solidarios: $2 nacionales y panameños y $3 extranjeros. Si quiere acampar, $3 más. Los estudiantes solo pagan $1 y de 5 a 12 años, 50 céntimos.

Valle de Antón 68. Entrando al acceso India Dormida

Entrada a la zona de taquilla y camino que inicia el camino hacia La India Dormida

Yesenia Alonso, promotora turística, ofrece un resumen didáctico a los turistas de las bellezas naturales que observará en el camino e incluso se toma la molestia de pintar de colores la reproducción de un mapa con detalles relevantes.

Debemos advertir que no hay señalización. Si no va con guía, debe prestar debida atención a las instrucciones para llegar por el camino indicado a la cima de La India Dormida.

Un aviso del antiguo Instituto Panameño de Turismo da la bienvenida a propios y turistas y le indica que se encuentra en el Sendero de la Piedra Pintada.

Esta primera etapa se cumple de manera rápida porque el camino es de cemento.

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Inicia el ascenso con el entusiasmo por el encuentro con la naturaleza, como siempre tomando mis notas.

La naturaleza virgen, el sonido de los pájaros y de los cursos de agua del río La Pintada que toma el nombre de la comunidad cercana (distinta al pueblo de La Pintada donde se fabrica el tradicional Sombrero pintao), conducen a la Piedra Pintada, con diseños precolombinos y el mapa de El Valle de Antón, tallado por manos originarias.

El Chacal muestra los petroglifos de la Piedra Pintada

Un niño de la zona, como tantos otros pequeños, repite la historia de este monumento ante los grupos de turistas, mientras El Chacal complementa el relato.

El padre José Noto, en su Historia de El Valle de Antón, afirma “que el vestigio más célebre de los primeros moradores es la enigmática Piedra Pintada al pie del cerro de La India Dormida y que dio nombre a la comunidad aledaña, La Pintada, de El Valle de Antón. Es una gran mole desprendida del cerro vecino, partida en dos al caer. Los petroglifos están en la parte inferior (ocupan un tercio de la superficie) y tienen un máximo de ocho metros de ancho por cuatro de alto”.

Conforme a la tradición documentada por el sacerdote, los indígenas celebraban ritos sagrados. La piedra escondería un gran tesoro, custodiado “por un indio fuertemente armado”. Así lo escribe el padre Noto y en la interpretación sería lógico entender que es el espíritu del indio el vigilante. No quisimos preguntar más así que seguimos camino con apoyo de El Chacal.

La segunda parada corresponde al Chorro Escondido. Justo, está escondido a primera vista y solo cuando se detalla entre los árboles frondosos, se observa el curso de agua.

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Chorro Escondido, íntimo y mágico en el corazón de la montaña

Hasta aquí todavía la montaña es amable sin grandes complicaciones. La tercera parada es el puente del Chorro de los Enamorados. El Chacal explica que bajo el puente, y entre las rocas, las parejas logran esconderse. Sin embargo, hay un detalle en la cascada: dos cursos de agua corren de manera paralela y se encuentran en su descenso. Este elemento también podría ser la razón de la romántica denominación.

Valle de Antón 78. Chorro de los enamorados

Chorro de los Enamorados

En el camino nos conseguimos a Darío, habitante de las montañas. Él, como otros campesinos, tiene huertos familiares y su vida sembrada en el corazón de La India.

Dario, es un habitante del pueblo mas cercano a la India Dormida
Todo lo que necesitan deben llevarlo en estas cestas ” Motetes”

El Chacal, conocedor de estos caminos, nos pide mirar un ojo de agua sin nombre, como tantos afluentes que marcan el paso. Más adelante podemos contemplar mucho más de cerca el Chorro de los Enamorados.

Grupos de personas, en familia, en pareja, adultos, mayores, niños y hasta mascotas, arman filas ordenadas que se estrechan en el ascenso y se dan ánimos.

El camino se hace corto ante los grupos familiares que recorren el sendero

La pregunta mil veces repetida tiene eco en los oídos de La India: “¿Falta mucho para llegar?” Quienes vienen de regreso le dan un tiempo estimado, pero todos coinciden: “Vale la pena llegar hasta el final”. Y estas palabras tienen el poder de animar hasta al más cansado.

El Salto El Sapo queda a nuestra mano derecha y apenas se divisa entre árboles frondosos. Por un camino se puede llegar hasta este destino de agua, ideal para la práctica del rapel.

En el camino hay una roca inmensa y cerca de la pétrea formación, la Piedra del Sapo. El Chacal coincide con los documentos escritos del padre Noto: destaca un petroglifo en forma de sapo. Cubre un área de unos tres metros cuadrados.

Valle de Antón 83. Piedra del sapo y sus jeroglíficos

Piedra El Sapo con notorios petroglifos

El padre Noto siempre pidió cuidar estos patrimonios en piedra, en particular porque eran tallados durante las ceremonias por un líder religioso y para las comunidades indígenas permitían crear modos de comunicación con sus dioses.

En vida, el sacerdote italiano se ocupó con esmero de escuchar los relatos de los más antiguos. Con Juan Arias, quien vivía del oficio de hornear pan, conoció la leyenda del Mechón de la India Dormida. Como necesitamos aliento para continuar el ascenso y nos queda tiempo en esta lectura, se la vamos a relatar como él mismo la dejó escrita a partir del relato de don Arias a los niños valleros:

Cada verano, cuando las estrellas son más resplandecientes en las noches de luna nueva, se ve un mechón subir por el brazo de la India Dormida, veloz como el viento, para asombro de los valleros. El mechón es la señal de algún gran acontecimiento.
Fue así como Victoriano Lorenzo se enteró que el doctor Belisario Porras, su estado mayor y su tropa habían llegado a la residencia de Salvador Coronado en El Valle de Antón. Un mechón que se elevaba por encima de otros transmitía desde la India Dormida su mensaje inconfundible; el mechón mayor era Belisario Porras y los demás mechones sus generales. Al día siguiente, Victoriano Lorenzo, ante el asombro del doctor Porras y de sus generales, pero no de sus cholos, se presentó al máximo líder del liberalismo”.

Después de la Piedra del Sapo el ascenso impone concentración, olvidar el cansancio y pisar con pie firme. El Chacal guía el camino y también aconseja a otros visitantes.

 Con prudencia, se anda el camino

Hombre precavido, con su debido curso de primeros auxilios de la Cruz Roja, preparó una loción natural que ayudó a mejorar la respiración de quienes parecían perderla en un ascenso duro pero fascinante, entre árboles milenarios, caminos de tierra y piedra e indígenas que ofrecían naranjas dulces para calmar la sed.

Cuando ya parecía que la distancia parecía más lejana de lo debido, allí estaba ella, en su esplendor: Flor del Aire, la princesa indígena, dormida en la montaña que desde El Valle de Antón permite divisar sus formas perfectas.

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Guiados por El Chacal, llegamos a lo alto de La India

El Chacal nos guió hacia la cabeza de La India, situada a 930 metros sobre el nivel del mar. En esta cima, como por gracia divina, la vegetación forma una alfombra natural y suaves colinas.

El guía experto detalló de memoria las líneas que dibujan el cuerpo de la India Dormida: desde la cabeza, los ojos son piedras incrustadas en la montaña, se detalla nariz y mentón. Sigue su cuello que quiebra la planicie, sus brazos, senos y cuerpo por el cual descienden quienes completan la aventura de conocerla.

Valle de Antón 89. Cuello de la India

Detalle del cuello de La India Dormida

En lo alto, son varios los paisajes que se divisan: El Valle en su plenitud; los cerros Tortuga, Leona, Pajita y Gaital como gigantes protectores de la bella Flor del Aire a quien Moisés Bethancourt escribió una poesía, rescatada por el padre Noto:

“Cuando en la apacible noche de estrellas llena 
Tiende el cielo azul su misterioso manto 
Se oye la India Dormida modular su canto 
como himno fúnebre a su inmortal cadena.
¡Despierta! Que yo en ti adivino el 
ansia infinita de volver a la vida 
y romper ese lazo que el maldito destino 
por una venganza te tiene cautiva.
Miradla ahí está del Valle al occidente 
mirando tranquila los siglos pasar, 
esperando confiada que el Dios Omnipotente 
de su sueño eterno la haga despertar.
Contempla el viajero en sus faldas tendida 
una silueta hermosa en forma de mujer. 
Preguntan los niños: ¿Por qué esta dormida? 
Y, a la verdad de esta pregunta ¿Quién va a responder?”

Valle de Antón 93. Desde la India

Desde la cabeza de la India se divisa el Valle en su plenitud

Flor del Aire recibe el andar y el desandar de viajeros quienes, como peregrinos, al llegar, cumplen la promesa de cubrir el trayecto hasta el final para contemplar el cuerpo dormido de tanto llorar penas de amor.

Leyenda o historia, mito o realidad, en realidad subir a La India Dormida es encontrarse con un paisaje mítico, reconfortarse en el milagro del Creador y vivir una experiencia de sanación.

Mas senderistas, FelicesHay quienes desafían la noche y acampan en el cuello de La India; otros improvisan almuerzos o paseos hasta el brazo y el cuerpo sinuoso.

Entre subir y bajar, cuatro horas justas si no se detiene. Hasta cinco horas si las pausas son largas. Ya de vuelta, se puede regalar un baño en las cascadas que calman el calor de la travesía y quitan el cansancio luego de la larga caminata que encuentra al viajero con la Flor del Aire, dormida en la eternidad de su historia de amor.

 Patricia no se perdió la cascada y les cuento que no le importó que estuviera bien fría. Como ella, todos los visitantes se repusieron del ascenso con un buen baño de agua natural

Valle de Antón 100. Paty remojada